27 agosto, 2010

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  1. Autorretrato Nº 95

    En esta serie de autorretratos, 120 en total, Oyarzún dispone una operación jubilatoria y catastrófica al mismo tiempo, en la ocurrencia, cada autorretrato es la información detallada de la vida que transcurre en un día, dispuesta aquí en tres imágenes por día. El rostro informa sobre la pintura, los detalles de la piel, de la propia materia pictórica se revelan al ampliar la imagen en la pantalla, esta nos muestra la forma, la composición, la manera, la rapidez de ejecución. La realización de estos autorretratos en Paris en la década de los noventa, tuvieron la misma cadencia de producción, tres por día. Ahora en el blog, Oyarzun agrega la información escrita de un presente que, lo que nos revela, es la inaudita transparencia y parecido con la imagen pintada. Esa es la capacidad que tiene una pintura, la posesión casi intacta del tiempo transcurrido. La pintura viaja y siempre es presente, el júbilo de la mirada que la descubre y la catástrofe del detalle de una piel y de un relato confuso y pasional. El tema del amor, la obsesión, la rutina y del sexo están inscritos aquí no solo en los ojos de la pintura sino que también en el anecdotario y bitácora que Oyarzun dispone al espectador no quedando claro si se trata de una ficción o de lo real. Pero esa es la proeza de la pintura la de ser y tener un cuerpo propio, una vida paralela a la realidad. La pintura y su relato son autónomos, visibilidad y lisibilidad, las dos fusionadas en un mismo rostro, en una misma imagen cada día, el del autorretrato de un artista que viaja en el tiempo, siempre presente.

    LMH

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