12 agosto, 2010

5 comentarios:

  1. Definición de Autorretrato
    La palabra retrato deriva del latín re-traho y tiene un recorrido etimológico muy parecido al del término análogo portrait, derivado de pro-traho, utilizado con las debidas variantes locales en la mayor parte de las lenguas. En ambos casos, la traducción exacta del latín indica la acción de “sacar fuera”, de recuperar la imagen de la realidad. Un retrato debe mostrar “los movimientos del alma”, es decir hacer visibles los afectos psíquicos, más allá de la mera apariencia externa.

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  2. LETRA ' AUTORRETRATO '



    Soy un lince, ¡tengo un ojo...! siempre estoy metido en líos.
    poderoso, y soy un zarrio,
    cuando ando suena un crujío.
    soy yonki, soy chuloputa, traficante, delincuente...
    soy amante del alcohol.
    soy la hostia de obediente, dime .-arrasa-, y dios tirita,
    dime ladra y digo ¡guau!.
    no entiendo de construcciones,
    no encuentro qué demoler,
    me da lo mismo hombre o mujer.
    soy muy listo, un poco autista,
    no hago caso - ¡calla, lista!-,
    y yo hago con que me he enterao.
    si me encierro, ven a verme; un vis a vis...
    caí preso dentro de mí, dentro, muy dentro de mí.
    si escapo, ve a buscarme cualquier día
    donde quede alguna flor..., donde no haya policía.

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  3. ARTISTAS PLÁSTICOS - AUTORETRATOS - MUERTE - IMAGEN - MIRADA DEL ARTISTA - OJOS -

    La imagen y la muerte*

    Pedro Azara

    El pintor es un "mirón" que observa en secreto por el rabillo del ojo lo que se ofrece y se muestra a sus ojos, encantado y poseído por los ojos del artista, y lo encierra en el marco del cuadro para su único solaz


    La misma escritura nos habla de un ángel de la muerte.
    ¿Y qué artista no va a preferir dibujar un ángel en vez de un esqueleto?
    Sólo una religión mal entendida puede alejarnos de lo bello.

    Lessing


    Los pintores representan todo lo que ven, que es casi todo. Algunos artistas, como Picasso, que historiadores como Richardson han calificado de "ojos", "toman posesión de las cosas y la gente con el ojo, piensan con el ojo, hacen el amor con el ojo, manipulan la humanidad con el ojo [...], el poder de sus ojos mágicos". ¡Ah de "la víctima apuntada por sus inmensas pupilas"! (Richardson).

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  4. Un autorretrato no puede dejar de ser una imagen o copia de una imagen espejeada, es decir desdibujada, inconsistente como un sue-ño o una pesadilla. El cuadro no reproduce directamente los rasgos del modelo, como si éste los hubiese impreso directamente en el lienzo -así pasa en un fiel y aplicado retrato convencional-, sino que, necesariamente, imita el reflejo del pintor en el espejo.

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  5. Los autorretratos tardíos de Rembrandt -que infundieron valor a Kokoschka, Picasso o Giacometti, para afrontar la visión de su propia decrepitud-, las faces lívidas e ingrávidas de El Greco, los severos e hipnóticos ojos de los iconos bizantinos (el modelo de los cuales era la imagen frontal del rostro dolorido de Cristo, mágicamente impresa en el paño con el que Verónica le enjugó la cara cubierta de sangre, camino del calvario) y los tristes y sobrios retratos funerarios de El Fayum -cuyos rostros alargados, representados de frente, junto con los de los retratos de El Greco, influenciaron el arte de Giacometti-, símbolos del fin de la época clásica, cuyos ojos no eran las inexpresivas esferas de ágata o vidrio de colores incrustadas de la estatuaria antigua, sino que eran manchas áureas perfectamente silueteadas que devolvían la mirada a los espectadores: según las declaraciones o los dibujos de los propios artistas, éstas han sido las obras antiguas que sirvieron a los artistas modernos ancianos para interpretar el fin en sus últimos autorretratos.

    En estas imágenes, el artista se muestra en el límite entre dos mundos y la gravedad e intensidad de la mirada del cuadro revela que ésta se halla fija o perdida en el más allá o en su interioridad, desde donde nos mira y se abre a fin de que nos miremos en ella. Los autorretratos tardíos no nos hablan de la muerte, sino de la vida, una vida colmada, y no se refieren más a la muerte que a la vida, la cual ya engloba a la muerte en su seno. De algún modo, son paradójicas mostraciones de vitalidad y sabiduría. [...]

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