10 abril, 2009

4 comentarios:

  1. Friedrich Nietzsche

    ¿Porqué en la vida cotidiana, casi todo el mundo dice la verdad? -no, ciertamente porque un Dios haya prohibido mentir sino, en primer lugar porque decir la verdad resulta más cómodo, ya que la mentira requiere inventiva, disimulo y memoria (por lo cual dice Swift: quien cuenta una mentira nota raramente la carga que se echa encima: tiene, en efecto, para sostener una mentira, que inventar otras veinte.) En segundo lugar: porque en circunstancias sencillas resulta ventajoso decir directamente: yo quiero esto, yo he hecho esto, y cosas semejantes, esto es, porqué la vía de la coacción y la autoridad es más segura que la de la astucia?.

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  2. Lo que sabemos Cecilia Brunson

    Alvaro Oyarzún (Santiago, Chile; 1960) es un artista que no teme ser un narrador excesivo. Gran acuñador de títulos extensos, su reciente exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, se titula: “Historias del dibujo (de A a L). Siete maneras de visitar el museo cruzando dos veces una misma rotonda o de como, en definitiva, enfrentar el despilfarro de todos estos años”. En rigor, la exposición, se instala en una sala rotonda decimonónica, circular y embriagadora. Aunque suponemos que los diálogos estarán ligados a dilemas del dibujo, la discusión desafía la condición de la pintura. Hay una obstinada insistencia de Oyarzún de precisarse pintor: definiendo la pintura como cualquier pigmento que se despliegue sobre la superficie. Porque lo que vemos es un compendio de ilustraciones de diversos tamaños y formatos sin jerarquías: pinturas, dibujos, caricaturas y textos. Estos son ancladas por seis obras de grandes maestros de la pintura chilena, desempolvadas por el propio artista de los depósitos de la colección. Dentro de una supuesta filosofía humanista, esta monumental “pintura” es una parodia a la reflexión sobre discursos heredados: el paisaje, retrato, naturaleza muerta y abstracción. Alvaro Oyarzún junto a las obras de Juan Francisco Gonzalez, Carlos Dorlhiac, Alberto Valenzuela Llanos, Julio Ortiz de Zárate, Emilio Jecquier y Pablo Burchard: narra, re-significa, abarca y cuestiona el mundo estético que nos rodea. Las relaciones entre cada trabajo son formales o temáticas, en otros casos obvias y evidentes, o crípticas y biográficas. Siempre en contra de la corriente y con una cierta ironía lacónica, Oyarzún crea analogías entre la crisis del arte y la crisis personal, transformando el trabajo artístico en un inevitable proyecto existencial que cuestiona el estado de las cosas.
    Lo que sobresale de esta exhibición es el uso de la apropiación. Las pinturas de los viejos maestros se tienden a leer, por ejemplo, no como una pintura de Pablo Burchard sino como un propio Alvaro Oyarzún. Las seis pinturas conceden, a la gran pintura, una suerte de compromiso conceptual determinante. Dentro de esto, la irreverencia más consistente, es el uso de la apropiación de una pequeña acuarela, que retrata la fachada del Museo de Bellas Artes. Como espectador creemos que la acuarela pintada al aire libre debe pertenecer a una suerte de pintor impresionista. Pero la realidad es que la pintura fue comprada y comisionada por Alvaro Oyarzun a su amigo Ricardo Araya, un pintor fuera del circuito del arte, quien trabaja en la calle, retratando escenas de Santiago. Pues, esta especie de “montaje en colisión” como diría Aby Warburg, el creador del estudio de la iconología, tiende al método de operar a través de discontinuidades, fracturas, contradicciones y anacronismos históricos.
    La obra de Alvaro Oyarzún se instala como una visión contraria a las narrativas teleológicas. Pues, en la metáfora del arista que intenta revelar el medio material y abstracto que rodea al hombre minuciosamente, este hace una descripción sin sentido: detallista, obsesiva, y monumental. De este modo, Alvaro Oyarzún crea un interrumpido mapa irónico y lúdico de la historia del dibujo, que por una no tan misteriosa razón termina en la letra L y no en la Z: validando y legitimando la arbitrariedad, el pensamiento subjetivo y, fracturado. No obstante, estas historias desconectadas y paralelas, se yerguen como convincentes.

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  3. Alvaro Oyarzun is a self-taught artist who has dedicated himself to exploring fundamental questions about the nature of art: What is art? What is an artist? What is a work of art? Why does art exist? Using painting, drawing, cartooning, text, and more recently photography, he narrates, re-signifies, encompasses, and interrogates the world around him. Oyarzún's monumental “paintings” are made from hundreds of smaller works in various media: an abstract painting is next to a botanical drawing, which is next to a landscape rendering, next to a caricature with an ironical text relating to art history or the life of an artist, next to a grotesque image of an invented organ, next to a naïve portrait, and so forth. The artist conceives of his oeuvre as a single work which is constantly evolving and growing. Oyarzún's “painting” functions as a complex, challenging and unlikely cacophony of artist-voices questioning not only the conventions and limitations that apply to painting as a genre, but to art and artists, and ultimately to the spectator.

    Cecilia Fajardo Hill

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  4. Y recuerda que si me caen mal, los metemos a todos en el mismo saco!

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